Maruja Bustamante: «No me pasan cosas muy normales»

FILBA celebra la literatura en la librería Eterna Cadencia

Maruja Bustamante actriz, dramaturga, directora, cantante, escenógrafa, iluminadora, productora, diseñadora, libretista de ópera, entre otras actividades que desarrolla en el ámbito de las artes. Ha sido boletera, acomodadora y todo lo que refiera al mundo de la dramaturgia. Ha hecho televisión, cine y teatro. Es curadora en el área Artes Escénicas del Centro Cultural Ricardo Rojas en la Ciudad de Buenos Aires. Como escritora, lleva publicadas las siguientes obras, siempre referidas al teatro: Panorama Interzona, Hija Boba: y otras obras, Detrás de escena (Antología de Editorial Excursiones), Antología de argumentos teatrales en Argentina 2003-2013. Hoy hablaremos de su último libro: Potencia Gutiérrez, publicado por Blatt & Ríos.

Sos escritora y voy a agregar también que sos poeta, porque en tu libro Potencia Gutiérrez, del cual vamos a hablar hoy, escribís poesía.

Poeta ya es un montón. Yo respeto mucho a la poesía (risas).

En el libro Antología de argumentos teatrales en Argentina 2003-2013, dice que sos precursora de toda una corriente. ¿Es así?

Ellos (Libretto ediciones) hicieron un ensayo y ponen mi obra Paraná Porá para explicar el inicio de un cierto movimiento, que me parece muchísimo también, pero en ese libro dice eso.

Potencia Gutiérrez son seis obras de teatro. Durante la lectura del libro me pareció, sabiendo toda esta gran historia que tenés detrás, que un poco resume todo lo que es tu vida en el teatro. Se nota la pluma de la dramaturgia y llama la atención el nivel de escritura y la mirada hacia los clásicos ¿Lo ves así?

En una de las obras incluidas en el libro, Trabajo para Lobos, cuando la fui escribiendo me dije: “Maruja, te estás yendo un poco para Grecia”. Cuando yo entiendo que se me está metiendo algo de eso, no me hago la tonta y lo capitalizo. Siento que así le otorgo “corazón mítico” y lo anclo en esa estructura, y desde ahí cuento lo que yo quiero contar y de la forma que yo lo quiero contar.

Por otro lado, me interesa mucho la estructura de los cuentos para niños, o principalmente lo que a mí me generaron en la infancia. En este caso trabajar con Los Tres Chanchitos, era algo que quería hacer desde hacía rato. Una vez que encuentro el corazón mítico y eso otro que lo cubre emocionalmente, ya me largo a escribir de una forma lúdica.

¿A qué te referís con corazón mítico?

Para mí las obras de teatro –hay muchos maestros que lo dicen– necesitan un latir, una tensión, algo vivo, que encarne o que pueda pasar a encarnar. Es ese corazón de donde se va a agarrar la estructura dramática, para poder generar tensión en el lector o espectador. El problema, la pregunta, las situaciones, se van a agarrar de ese corazón mítico. Si lo tenés muy claro. pueden salir obras más largas. Si está un poco débil, no tanto. A veces, no late. Sin querer criticar a nadie (risas).

El teatro, claramente, es tu vida. Cómo se difuminan los límites en dónde está tu vida, dónde la ficción, el teatro, la realidad, todo esto está muy bien transmitido en el libro.

Para pensar lo que escribo, me acerqué a lo documental para entenderlo y llegué a la conclusión de que lo que hago es como una especie de realidad aumentada. Yo escribo sobre mi biografía pero de otra forma, no mostrándola directamente en forma documental, con el re-enactment, o los documentos en sí y el archivo. Tomo un poco la definición de realidad aumentada de los filtros de tik tok. Lo que hago es ponerle capas a la realidad. Tal vez a una anécdota o a una situación muy rica de la realidad, le pongo unas “capas” y con eso construyo una obra, pero sigue teniendo una base firme y grande de documental, de realidad autobiográfica y también biográfica, porque a veces no son mías las cosas, las tomo de mi entorno.

Las partes autobiográficas en el libro se notan, porque hablás con mucho conocimiento de causa de muchas cosas. Incluso en alguna línea hilarante, eso de “Cómo persiste el olor a mierda” en Trabajo para lobos, se nota que puede ser totalmente de la realidad.

Es totalmente real. Yo vi cómo explotó una cloaca con una amiga y se disparó la caca para arriba como si fuera un volcán. Nos cayeron apenas gotitas en la cara, pero fue terrible porque durante todo el día pensábamos que nos seguía ese olor, porque fue mucho olor. Yo me reía y no lo tomaba como algo para tanto, pero mi amiga iba y se lavaba a cada rato en dónde le había caído la gotita. Fue muy impresionante la situación de explosión de la cloaca.

A partir de estos dos libros de narrativa que ya tenés ¿Vas a seguir compilando obras tuyas?

Ya estoy escribiendo. Tengo tres cosas ya hechas.

Siempre pienso que en algún momento no me van a dar más ganas de escribir, como en la pandemia, que me costó mal, y como no me salía escribir filmaba cosas con mi celular y escribía en cuadernos. Observaba cosas del arte visual y tomaba apuntes de ese mundo.

Empecé a escribir una obra que es sobre criptomonedas del arte, que es una especie de comedia. También empecé a escribir una obra sobre las mujeres y la ingeniería, por una anécdota personal. Cuando era chica con un primo mío queríamos construir un puente. Mi primo hoy es arquitecto. Él ayudó a hacer el edificio de Trump de Punta del Este, así que cuando lo vi me iba mostrando todo y yo tomaba mis apuntes. Empecé con algo chiquito y ya tengo 30 páginas escritas de una ingeniera que quiere construir un puente en el Amazonas, un nativo, una galería, un montón de cosas.

Desde hace mucho, también, estoy escribiendo una obra que se llama Pink, que son dos amigas que se reencuentran viendo sus fotos por internet. Fue en la pandemia profunda, que escribí una especie de poema en donde iba poniendo solamente todas las cosas que miraba en Pinterest. Digo “especie” de poema porque, como te dije antes, yo no me considero poeta. El tema es que yo no paraba de mirar Pinterest y entonces escribía todas las cosas que me aparecían de color rosa. En un momento el algoritmo de Pinterest, no sé por qué, me pone una máscara marrón, y entonces pongo abajo: “Hay una máscara para despedir a los muertos, es marrón”. En el medio de todo esto, encuentro una foto de hace mucho tiempo de una amiga que es actriz, vestida de rosa con una coronita. Entonces se me ocurre mandarle el poema a mi amiga. Yo hacía mucho tiempo que no la veía. Ella me llamó y se puse a llorar y me contó que se había muerto su hermano. Fue así como lo cuento. Escribí más poemas con Pinterest y ahí empecé a escribir la obra Pink.

Son situaciones de tu vida, pero convengamos que no te pasan cosas muy habituales.

Es cierto, no me pasan cosas muy normales. Entonces, yo pienso ¿Por qué? ¿Qué hice? y lo tengo que escribir.

Además de esto que nos contás que estás escribiendo ¿Qué otras cosas estás haciendo ahora?

El año pasado hice programas de cine del Di Tella. Yo estudié un poco de cine y había estado filmando algunas cosas. Entonces me planteé volver un poco al cine, porque tenía ganas de contar cosas que me parecía que había que contarlas con imágenes. Me puse a hacer unas pruebas con una amiga que se llama Tencha, y salió de ahí un proyecto que se llama Tencha Reina, que es un retrato a Tencha.

Tiene que ver con mi búsqueda de retratar otros cuerpos, como ver de cuerpo entero a cuerpos gordos, que no hay mucho en el mundo audiovisual. Todas las personas que actúan son gordas, menos dos, y son bastantes. Como si fuera el cupo al revés.

Hay una parte que decís algo así como que ver comer a un gordo es lascivo. Es fuerte la imagen que describís en el texto. Sos fuerte en lo que describís en teatro pero también en audiovisual.

El teatro es un poco más abierto y lúdico. Tiene más posibilidades. Yo tengo un lugar en el teatro mucho más fuerte con mi cuerpo, del que puedo tener en el audiovisual. Más ecléctico que el que puedo tener en el audiovisual, porque estoy totalmente encasillada. Por eso hice Tencha Reina. Es una gorda, reina, hermosa, toda maquillada y divina. Algunas personas pensarían ¿Por qué hacés esto?. Porque sí. Porque puedo.

Por ejemplo, todo lo que pasa con el hijo gordo en Trabajo para lobos, son cosas que me decía mi papá a mí. Las tenía que sacar por algún lado. Yo quise que en la obra fuera una madre, pero todo lo que hace es bien de mi padre. Después lo analicé mucho, y la familia en la que yo me baso es la suegra y la familia de la persona con quién se casó mi mamá después, porque mis viejos se separaron. Bariloche, yo conozco todo eso, esas cabañas que dan al lago, todo eso. Yo nací en clase media baja, trabajadores, pero siempre me encuentro, por razones diversas, entre gente de clase media alta o alta. Los observé mucho a ellos. En el caso de Trabajo para lobos, había un poco de eso. De ver cómo retrataba ese lado. Cómo se ve eso del otro lado.

Se me ocurre que el teatro es como otra forma de hacer terapia ¿Lo ves así?

Viene mucha gente a hacer teatro para desinhibirse o por sus diagnósticos, y la verdad es que el teatro es un lugar que te abraza siempre. Como es un lugar de encuentro sí o sí, no tiene otra, hay algo del compartir, del pactar, de encontrarse, de horizontalidad. Son palabras que son “de sanar”, que ayudan un montón.

En mi caso, con Mariela venimos dirigiendo desde hace mucho y hemos venido batallando desde épocas en donde era más difícil todo, no como ahora, así que nos hicimos con una cierta fortaleza, somos “pesutis”, como se dice en la jerga. Así, que teníamos miedo de juntarnos y que se diera una batalla de egos, pero no, nos llevamos muy bien.

¿La gente con la que compartís el mundo teatral, también escribe o sos un caso particular?

Los que dirigen suelen escribir, pero no todos. Mariela Asensio, por ejemplo, escribe pero lo que le encanta es dirigir. Escribe porque no encontraba material. Yo soy más dramaturga, pero siempre digo que no me quedó otra más que dirigir, porque nadie iba a querer dirigir mis obras. Así que hay un poco de todo. De hecho ella iba a dirigir Potencia Gutiérrez y sería genial, porque a mí me gusta escribir y a ella dirigir.

Te iba a consultar algo sobre el tecnicismo de escribir obras, me pasa que cuando leo teatro, es un formato de guion o libreto, que me resulta muy difícil ¿Cómo logras separar las partes, los diálogos, los detalles?

Hay que imaginarse todo. Hay que imaginarse lo que pasa. En el teatro de los años 60 se escribía todo, con mucho detalle. Ahora no tanto. Se sacaron un poco las didascalias. Sobre todo en Buenos Aires. No es algo que pasa en todos lados.

Por ejemplo, yo Potencia Gutiérrez la escribí dentro de un programa del Royal Court Theatre que es en Inglaterra, y ahí sí te pedían que escribas didascalias, porque ellos no admiten que la dramaturga no ponga qué se imagina, y sobre todo porque piensan que jamás lo va a dirigir la misma persona que lo escribe. Ellos separan bien todo. No piensan que estamos en Sudamérica y que seguramente no vamos a encontrar un Director que nos dirija la obra, y que la vamos a terminar dirigiendo nosotras mismas y ya está. Eso pasa acá en Buenos Aires. Te dirigís tu obra porque nadie te la va a dirigir.

Además, en teatro, Buenos Aires mira mucho a Alemania. No digo Argentina en general, pero Buenos Aires gusta mucho del teatro alemán, y los alemanes no usan didascalias porque hacen teatro postdramático, que son textos que pueden ser tanto leídos como representados, en general. Entonces no ponen qué pasa, ponen voces. Son voces que vos después las podés representar como querés. Hay una tendencia a no poner didascalias en Buenos Aires, al leer tantos alemanes y también franceses que hacen mucho teatro de viñetas, que escriben escenas como sueltas y después las juntan y con eso generan un texto completo. Ahora, vas a México y las didascalias por ahí son toda una página.

Por eso no quiero decir que se hace de una sola forma, porque yo leo mucho y de cualquier lado y sé que es bien diferente. Será por eso que dicen que el teatro es medio primo hermano de la poesía: Cada pueblo tiene su forma de escribir.

(Pregunta del público) Aunque no lo escribas, ¿cuánto te imaginás de lo escénico?

En general, lo que se aconseja es que no te imagines la escena, sino el lugar real. Si quisiera escribir esta escena de este momento, yo tendría que escribir exactamente esto: el bar de Eterna Cadencia. Después, si el Director decide poner nada más que una mesita y nos sirve dos cafés, ya es elección del director. Pero yo tengo que describir este lugar como es. Me tengo que imaginar este lugar. El lugar real. Eso es lo ideal.

Porque cuando empezás a imaginar el lugar ideal, primero tenés que elegir qué teatro imaginar, y ya ahí te juegan las posibilidades del establecimiento en sí. No es lo mismo un teatro pequeño que el Cervantes. Entonces no te conviene imaginar el sitio en donde va a transcurrir la puesta en escena, sino el lugar real en donde vos imaginás que sucede la escena mientras escribís la obra.

(Lectura en vivo de Maruja de La amabilidad de los extraños)

Una mujer. Un sillón muy cómodo. Una torta deliciosa.

Bianca: Llorar ya me aburre. Llorar es de jóvenes sin sexo. Llorar es de imbéciles buscando impactar. Llorar y antidepresivo no pegan. Llorar y psiquiatras no va. El objetivo de la medicina es que no llores y llorar es un descargo importante, a mi entender. Antes creía que llorar era insoportable porque me daban ganas a cada rato, pero ahora que estoy químicamente inhibida siento los límites del sistema en mi propio organismo, adentro. Una pesadilla despierta.
Llorar y comer es precioso. Como amar y odiar. Como estar en la cama oliendo la nunca de tu amante dormido que ya no quiere besarte ni abrazarte ni nada.
Llorar solamente. Así. Gotones.

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