Marcelo Larraquy: «Puedo escribir quince horas seguidas»

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Marcelo Larraquy es Licenciado en Historia, periodista, escritor, guionista y docente, ganador en dos oportunidades del Premio Konex al Periodismo de Investigación por sus trabajos entre 1997 y 2017. Como periodista realizó investigaciones y escribió artículos para los diarios Crítica, El País, Diario 16 y las revistas Guerin Sportivo, Don Balón y Rolling Stone. Fue subeditor de la revista Noticias durante 8 años. ​Escribió guiones de biografías y documentales para programas de televisión y es creador de la serie 9mm. ​Fue docente de periodismo en la Universidad de Belgrano, la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Torcuato Di Tella. Como escritor, ha publicado una docena de libros entre los que se encuentran Galimberti. De Perón a Susana. De Montoneros a la CIA., López Rega, la biografía, Marcados a fuego. La violencia en la historia argentina, Código Francisco y Los días salvajes, entre otros. Su último libro es La Guerra Invisible. El último secreto de Malvinas.

Por Lala Toutonian

—¿Tu tesis El Ejército Montonero fue el disparador de tu vida como escritor?

—Lo mío fue raro. Salí de la facultad y ya tenía tres libros publicados antes de presentar la tesis (risas) Hice la investigación por afuera y después la transformé en mi tesis. Así que salí a escribir y cerré mi etapa en la facultad con esa tesis sobre la resistencia armada a la dictadura. Me aprobaron y se quedaron muy interesados con los materiales que había conseguido y que ponía como prueba documental. A nivel de información era totalmente novedoso. Después empecé a hacer un doctorado, pero no lo terminé, porque no llegué a presentar la tesis. Trabajaba en periodismo, ya estaba más volcado a los libros y no tenía tiempo. Yo estoy muy agradecido a la facultad, porque aprendí mucho. El hábito de sentarte a leer, esa sistematicidad, sólo te la da la facultad cuando tenés que rendir una materia libre, como solía hacer yo. La Licenciatura en Historia, la necesitaba como una validación. No porque los libros vayan a ser mejores por eso, porque yo considero que los mejores libros los hice sin ser Licenciado.

—¿Cómo construiste tus libros desde el periodismo y tu carrera como historiador?

—Siempre busqué una base documental fuerte para hacer libros, y para eso tenía como varias ventanas: la entrevista oral, la búsqueda de archivos, las causas judiciales y la bibliografía. Leer mucho, pero mucho. Una base documental fuerte me hace sentir mucho más seguro, por eso considero que en los libros, mi destreza narrativa –por decirlo de algún modo y muy entre comillas– tiene que ver sobre todo con la base documental. Yo ojeo los libros de no ficción y enseguida pienso: “Este tiene data y este no”. Me da gusto cuando encuentro un libro de no ficción con una investigación genuina, pero con ese soporte documental alrededor.

—¿Por qué elegiste ser escritor de no ficción?

—Creo que soy escritor de no ficción porque no me animé a ser escritor de ficción (risas). Apuntaba a ser escritor de ficción hasta los 20 años. Después ya no. Pero tengo que decir que me gusta mucho la investigación, pero también me gusta mucho la narración. Me gusta escribir y el libro me tiene que entretener, porque de otro modo no pasás 10 horas sentado escribiendo. Si no te gusta lo que estás haciendo a nivel escritura, el tema, la pasás mal escribiendo. Escribir tampoco es una fiesta todo el tiempo, porque también tenés momentos malos, pero cuando le enganchás la onda al texto y tenés data y sabés hacia dónde vas, entonces se disfruta mucho y tiene mucha adrenalina. Me gusta escribir y que esté bien el texto. Así como siempre digo que yo no tengo lectores gratis –que compran el libro y no lo leen–, tampoco regalo párrafos. Soy muy riguroso con la escritura. Soy muy celoso de eso porque es mi espacio y mi tesoro personal.

—Leí que para tus investigaciones te armás cartulinas gigantes y que después las enrollás y las guardás en tubos, ¿es cierto?

—Sí, es cierto. Es que tenés un magma de información y hay que sistematizarla. Yo empecé a escribir antes de internet o apenas estaba naciendo. Galimberti, por ejemplo, es un libro que escribí sin internet para nada. No había data en internet, así que tiene como 12 biblioratos de información, bien llenos. López Rega, también. Con las cartulinas, lo que trataba era de hacerme una cronología, en donde pusiera los sucesos y la gente que iba a hablar de esos sucesos. Administrar la información. Creo que para hacer un libro tenés que ser un buen conductor narrativo, un buen editor y saber dosificar la información y darle in crescendo y agigantar los conflictos, como en un thriller.

—¿Esa estructura es por tu amor a la ficción?

—Tuve que abandonar la ficción para leer no ficción. En italiano se dice que es un rammarico. Que sería una especie de arrepentimiento y nostalgia. Lo que pasa es que en la no ficción, la búsqueda de información te toma todo el tiempo. Así que la estructura te diría que es más porque soy muy organizado.

—Leí que sos capaz de escribir quince horas seguidas…

—Sí, es así. Cuando estoy en el juego, juego fuerte. De hecho el cierre de mi libro Recen por él, tiene 36 horas seguidas sin dormir. Incluso me olvidé de llevar a mi hijo al colegio (risas) El libro entraba en imprenta el martes a las 8 de la mañana y yo venía de trabajar el sábado a la noche del cierre de Clarín, así que desde ese sábado a la noche  hasta el lunes a las 4 de la tarde, estuve escribiendo. Ana, mi editora, también se quedó sin dormir recibiendo mis capítulos y me los devolvía con control de cambios. Yo estaba cebado. El domingo a la noche, me iba a tirar dos horitas a dormir porque estaba muy cansado y justo debajo de mi casa hubo un concierto de rock (risas) así que seguí escribiendo. Como te darás cuenta, puedo pasar muchas horas escribiendo sin dormir.

—Contanos sobre tu último libro La Guerra Invisible. El último secreto de Malvinas ¿Vos lo que decís en el libro es que ambos estados, tanto el argentino como el inglés, no se hacen responsables?

—Sí. Omiten el continente como territorio de guerra, como parte del conflicto bélico. Del “teatro bélico”. Yo había estado en Malvinas, y para mí la guerra eran las islas, pero cuando me enteré que un comando británico había aterrizado en Río Grande, me quedé helado. Aterrizó 5 minutos en Río Grande y eso fue un libro, porque esos 5 minutos rompen todo un paradigma de lo que fue la guerra. Inglaterra estaba rompiendo el propio protocolo de guerra que había instalado que podían actuar hasta 12 millas del continente argentino. No podían vulnerar eso y lo vulneraron y omitieron explicar por qué y qué pasó con ese helicóptero. Además, el Capitán que comandaba la operación, era el “borrado” de la historia. Eso me entusiasmaba más. Además de esos 5 minutos en Río Grande, hubo sabotajes de submarinos, un helicóptero que cayó el 30 de abril y que aún no se sabe que ocurrió y que pudo haber sido abatido por un misil. También se habla –con informes de inteligencia del ejército–, que hubo captura de comandos ingleses en Río Grande. Hubo un muchacho que me dijo que su papá había trabajado en inteligencia del ejército, y que le había dicho que los capturaban y los enviaban a Chile, porque Galtieri no podía presentar el conflicto en el continente, porque ahí “se ponía más peluda la cosa” como se suele decir. Rusia estaba con los submarinos ofreciéndole información a la Argentina sobre blancos británicos. El mismo Galtieri no quería que el continente fuese teatro de guerra, porque Gran Bretaña no iba a regalarse a una derrota y si esa pequeña escuadrilla de 5 aviones podía poner en riesgo toda la base logística de los portaaviones, ellos iban a hacer de todo… Incluso, bombardear todas las bases continentales. Inglaterra no estaba jugando. Además el principal aliado de EEUU era la OTAN y ellos no podían perder una guerra con un país tercermundista. Sin la OTAN, Inglaterra no hubiera ganado la guerra, porque toda la tecnología armamentística decisiva para la guerra de Malvinas la ofreció EEUU y sin ese apoyo hubiera sido muy difícil que Gran Bretaña ganara la guerra.

—Estando en Inglaterra te encontraste con muchísimo material, ¿verdad?

—Estuve varios meses allá, e iba a las bibliotecas y a muchas librerías. En las librerías tenían una pared de libros sobre Malvinas. Había muchos libros. Encontré un libro que decía con nombres supuestos toda esa historia y ahí empecé a seguir la investigación.

—¿Qué te parecen a vos esas frase hechas que se usan tanto: “La historia se repite”, “La historia es redonda”, “La historia la escriben los ganadores”? ¿Te molestan?

—La verdad es que no le presto atención a las frases hechas sobre la historia. ¿“La historia la escriben los ganadores”? Los que pierden también pueden escribir la historia. Sí es cierto que la historia se omite. Yo siempre trabajé la omisión en mis libros. Fuimos Soldados es uno de los primeros libros de la contraofensiva, que casi no existían. A mí me gustan las historias “que no están”. No estoy en el cliché de la historia. A veces no es que se oculte la historia ex profeso, pero te das cuenta que hay temas que no se trabajan porque incomodan. Galimberti era una incomodidad para Montoneros. Fue un problema comenzar a escribirlo, porque me decían: “Vos no lo viviste, vos no lo podés escribir”. Eso es ridículo, porque entonces nadie podría escribir sobre Sarmiento. En Fuimos Soldados escribí una frase que me gusta: “La memoria siempre olvida alguna verdad”

—¿Ahora qué se viene? ¿En qué estás trabajando?

—Estoy muy entusiasmado con algo que estoy haciendo desde hace tres años. Estoy escribiendo con las mismas ganas y más incluso. Es un volumen grande. Es un desafío muy fuerte. Estoy muy entusiasmado con lo que saldrá.

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